vie 3a. Ordinario año Par (Id=106)

Primera Lectura

Pon a Urías en el sitio más peligroso para que lo maten

Lectura del segundo libro de Samuel
11, 1-10. 13-17

En la época del año en que los reyes acostumbraban salir a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel contra los amonitas. Los derrotaron y pusieron sitio a Rabbá. Mientras, David se había quedado en Jerusalén. Un día, al atardecer, se levantó de dormir y se puso a pasear por la terraza del palacio; desde allí vio a una mujer que se estaba bañando; era una mujer muy hermosa. David mandó preguntar quién era aquella mujer y le dijeron:
"Es Betsabé, hija de Eliam, esposa de Urías el hitita".
David mandó unos criados a buscarla; se la trajeron a su casa y durmió con ella. La mujer quedó embarazada y le mandó a decir a David:
"Estoy encinta".
Entonces David le envió un mensaje a Joab:
"Haz que venga Urías el hitita".
Joab cumplió la orden. Cuando Urías se presentó a David, el rey le preguntó por Joab, por el ejército y por el estado de la guerra. Luego le dijo:
"Ve a descansar a tu casa en compañía de tu esposa".
Salió Urías del palacio de David y éste le mandó un regalo. Pero Urías se quedó a dormir junto a la puerta del palacio del rey, con los demás servidores de su señor; y no fue a su casa. Le avisaron a David:
"Urías no fue a su casa".
Al día siguiente David le invitó a comer con él y le hizo beber hasta embriagarse. Ya tarde, salió Urías y se volvió a quedar a dormir con los servidores de su señor, y no fue a su casa.
A la mañana siguiente David escribió a Joab una carta y se la envió con Urías. El texto de la carta era:
"Pon a Urías en el sitio más peligroso de la batalla y déjalo solo, para que lo maten".
Joab, que estaba sitiando la ciudad, puso a Urías frente a los defensores más aguerridos. Los sitiados hicieron una salida contra Joab y murieron algunos del ejército de David; murió también Urías el hitita.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del Salmo 50

Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére, Dómine, quia peccávimus.

Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére, Dómine, quia peccávimus.

Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presente mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére, Dómine, quia peccávimus.

Es justa tu sentencia y eres justo, Señor, al castigarme. Nací en la iniquidad y pecador me concibió mi madre.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére, Dómine, quia peccávimus.

Haz que sienta otra vez júbilo y gozo y se alegren los huesos quebrantados. Aleja de tu vista mis maldades y olvídate de todos mis pecados.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére, Dómine, quia peccávimus.

Aclamación antes del Evangelio


Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.
Benedíctus es, Pater, Dómine caeli et terrae, quia mystéria regni párvulis revelásti.
Aleluya.
Evangelio

El hombre siembra su campo, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos

4, 26-34

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud:

"El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días y, sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha".
Les dijo también:
"¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra".
Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas, pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

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